Los Crucifijos, ¿por qué no?

 

 

Estoy profundamente dolorida por la actitud de algunas personas que quieren retirar el Crucifijo de los lugares públicos. Y creo que la razón verdadera, que no se dice, es porque su presencia nos plantea a todos cuestiones sobre nuestra forma de pensar y de obrar.

Para algunos supone un revulsivo, y prefieren no ver. Recuerdo una anécdota triste vivida en un colegio religioso. Tuvo lugar en una reunión de Padres de alumnos. Uno de ellos, no más entrar, empezó a cuestionar la hora en que se había programado (se perdía un partido de la «Champions» que retransmitían por la Tele). Luego, al notar un Crucifijo en la pared, preguntó: «¿Qué hace esto aún ahí?  ¡Fuera ya!  Los padres le contestaron que estábamos todos en un colegio católico y que su comentario estaba fuera de lugar. Su respuesta fue levantarse y marcharse con un «¡Faltaría más!».  Todos comprendimos que no quería perder más tiempo sin ver el partido...

¿Por qué molesta el Crucifijo?  ¿No será que su luz alumbra nuestras tinieblas?  ¿No será que nos avergonzamos ante lo poco que correspondemos al amor de Dios?

 El Señor nos ha dado la libertad de escogerlo como nuestro Supremo Salvador, agradecer su vida y su muerte, tener cerca imágenes que nos lo hagan presente y nos lleven a renovar nuestro Amor. Pero el mismo Cristo no se hacía muchas ilusiones sobre el agradecimiento de los hombres, puesto que en cierta ocasión se preguntaba dolorido: «Cuando venga el Hijo del Hombre,  ¿encontrará fe sobre la tierra?  (Lc 18, 8).

 Cuando venga el Señor, ¿podremos decir que no lo hemos rechazado? Pero no sólo en la reverencia a los Crucifijos, sino también y sobre todo en el servicio a sus hermanos necesitados, en nuestras manifestaciones de fe, en nuestros consejos y buenos ejemplos...

¡Que alegría será el ver que el Señor nos ha unido a su Hijo, que le hemos seguido en la tierra!  ¡Qué alegría que podamos exclamar como San Pablo: Con Cristo estoy crucificado; y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. (Ga 2, 20).

Ayúdenos el Señor a llevar la señales de su Cruz, para que su vida se manifieste en nosotros y enamore a los que la rechazan. Que su Madre bendita nos ayude

De todo corazón,

Rosario