Los
Crucifijos, ¿por qué no?
Estoy profundamente dolorida por la actitud de algunas personas que
quieren retirar el Crucifijo de los lugares públicos. Y creo que la razón
verdadera, que no se dice, es porque su presencia nos plantea a todos
cuestiones sobre nuestra forma de pensar y de obrar.
Para algunos supone un revulsivo, y prefieren no ver. Recuerdo una
anécdota triste vivida en un colegio religioso. Tuvo lugar en una reunión de
Padres de alumnos. Uno de ellos, no más entrar, empezó a cuestionar la hora en
que se había programado (se perdía un partido de la «Champions»
que retransmitían por
¿Por qué molesta el Crucifijo?
¿No será que su luz alumbra nuestras tinieblas? ¿No será que nos avergonzamos ante lo poco
que correspondemos al amor de Dios?
El Señor nos ha dado la libertad
de escogerlo como nuestro Supremo Salvador, agradecer su vida y su muerte,
tener cerca imágenes que nos lo hagan presente y nos lleven a renovar nuestro
Amor. Pero el mismo Cristo no se hacía muchas ilusiones sobre el agradecimiento
de los hombres, puesto que en cierta ocasión se preguntaba dolorido: «Cuando
venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe
sobre la tierra? (Lc 18, 8).
Cuando venga el Señor, ¿podremos
decir que no lo hemos rechazado? Pero no sólo en la reverencia a los
Crucifijos, sino también y sobre todo en el servicio a sus hermanos
necesitados, en nuestras manifestaciones de fe, en nuestros consejos y buenos
ejemplos...
¡Que alegría será el ver que el Señor nos ha unido a su Hijo, que le
hemos seguido en la tierra! ¡Qué alegría que podamos exclamar como San Pablo: Con
Cristo estoy crucificado; y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. (Ga
2, 20).
Ayúdenos el Señor a llevar la señales de su
Cruz, para que su vida se manifieste en nosotros y enamore a los que la
rechazan. Que su Madre bendita nos ayude
De todo corazón,
Rosario